Félix Assiego (Valdepeñas, Ciudad Real, 19/07/1879 – Málaga, 21/12/1962), fue uno de los mejores amigos de Rafael Gómez Brayley, singular aficionado taurino que llegó a tener repercusión como novillero profesional en España. Era el propietario de la finca El Rompedizo, en cuyos terrenos posteriormente se instalaría el aeropuerto de Málaga, y también dueño de la finca de Cantarrana.

TEXTO: Salvador Valverde Gálvez

Licenciado en Derecho, según narran las crónicas de la época, Assiego, al igual que Brayley, pertenecía a una familia acomodada. No llegó a ser matador de toros, aunque sí novilleril contratado en importantes plazas de España. De profesional estuvo entre 1903 y 1908, años en los que incluso compartió cartel en eventos benéficos con Brayley, que le hizo acrecentar su pasión taurina antes de dar el paso como novillero profesional.

Cartel de 1906 protagonizado por Assiego y Brayley (El Ruedo, 18/04/1957).

En el número del 14 de marzo de 1957 de la revista taurina El Ruedo, se publicó una entrevista que realizó Juan de Málaga a Félix Assiego, que por entonces tenía 78 años. De sus inicios comentó que su familia no quería que se dedicara a torear, “pero, de todos modos, para vestir de luces tuve que irme a Melilla, donde toreé dos novilladas sin caballos. Luego actué dos tardes en Ronda y una en Vélez, y en seguida, como mis triunfos se publicaron en la prensa y en Málaga había ganas de verme, debuté en el circo de la Malagueta el 8 de mayo de 1904”. Incluso El Cossío afirma que en 1903 se dio a conocer en Melilla y en otras plazas de Andalucía. En la citada entrevista dijo que admiraba a Guerrita y que desde Juan Belmonte no se volvió a torear igual.

El rotativo almeriense Crónica Meridional, en su número del 13 de agosto de 1903, publicó la noticia del paso al profesionalismo de Assiego:

“Leemos en un periódico, que el aristocrático torero Félix Assiego, hijo de una distinguida familia rondeña y licenciado en Derecho, ha sido contratado, en vista de sus excelentes condiciones para el arte de Romero, para torear en varias plazas. Ahora está en tratos con empresas de Vélez Blanco y Almería, donde se propone torear en breve”.

El 8 de mayo de 1904 fue la fecha en la que Félix Assiego, a cambio de 16 duros a repartir con la cuadrilla (El Ruedo, 14/03/1957), debutó en La Malagueta en una novillada con ganado de Castrillones. Vestido de verde mayo y oro (La Unión Mercantil, 09/05/1904) compartió cartel con Alvaradito y Cantaritos.La revista El toreo del 31 de mayo de ese año publicó sus impresiones:

“El novel Félix Aciego (sic), que por primera vez toreaba en esta plaza, se presentó confiado, fresco y desenvuelto ante su primer adversario, lo pasó muy bien y con valentía y le recetó una estocada tendida, saliendo rebotado y revolcado sin consecuencias. (Ovación extensa, sombreros y prendas de vestir)».

En este último fue breve; lo despachó de una corta y un descabello.

«Félix, como principiante, ha quedado a buena altura. ¿Qué ignora bastante? ¡Ya lo creo! Pero si persiste en el oficio con entusiasmo y voluntad y le da por aprender, es seguro que ocupará un buen puesto en el toreo”.

Aflicciones de La Unión Mercantil afirmó en la crónica del día siguiente sobre su primer novillo:

“Después de una faena en que admiramos sobre todo la bravura del chico, atiza una caída saliendo enganchado por el calzón sin consecuencias. El toro se echa y el diestro recibe una gran ovación. (Palmas, besos, mordiscos, sombreros y la oreja para el estofado de los entusiastas)”.

De la misma corrida, el rotativo El Defensor de Granada publicó al día siguiente que:

“Assiego con el estoque y la muleta ha quedado á gran altura. Con el capote dio algunos lances que le fueron aplaudidos. El público ha quedado muy satisfecho del trabajo de Félix Assiego”.

Volvió a repetir en La Malagueta el 12 de junio. Alternó con Pazo y Cocherito de Bilbao, y cobró nueve duros más que en la anterior corrida (El Ruedo, 14/03/1957). Cortó una oreja a su primer novillo de la ganadería Peñalver después de “una estocada monumental” (El Popular, 13/06/1904).

Estas actuaciones le valieron para que llegasen contratos desde Antequera, Barcelona, Valencia, Almería, etc. (El Regional, 15/06/1904).

El anuario Toros y Toreros de 1905 de M. Serrano García Vao, Dulzuras, le dedicó estas palabras por la temporada completada:

“Félix Asiego (sic), con sobrada serenidad para andar entre los toros, pero con poca práctica é ignorando mucho. Si persiste y los toros le dejan llegará; pero aún le falta tiempo”.

En ese año destacó su presentación en Madrid el 6 de agosto. Al día siguiente, Sánchez Ortiz del rotativo El Popular, afirmó que estuvo bien en sus lances y en las banderillas, y “fue muy aplaudido en la hora suprema; mató a los dos toros que le correspondieron de dos buenas estocadas”. Sin embargo, respecto a la suerte de muerte, El Cossío dice que desagradó al respetable “las artimañas que empleó…”; añade que tuvo buenas maneras tanto de capa como de muleta. Don Silverio para ABC no fue muy amable con el novillero:

“Ayer tarde torearon en la Plaza de Madrid seis reses de desecho, de los herederos de Pérez de la Concha, los diestros Regaterín, Platerito, y Félix Asiego (sic). Los toros no fueron cosa del otro jueves. Hubo de todo, aunque, como es natural, menos bueno que peor. Regaterín tuvo una mala tarde. Platerito, también dejó bastante que desear, y Asiego (sic), que debutaba, es un ignorante que, por lo visto ayer tarde, dará poco que hacer á las empresas”.

El Ruedo, 14/03/1956.

Según el anuario citado anteriormente, pero de 1906, Félix Assiego toreó entre 15 y 16 novilladas en ese año “sin hacer nada que merezca pasar á la historia”. Añade:

“Creo que es una equivocación el que este joven, perteneciente á la buena sociedad malagueña, se empeñe en ser torero á todo trance. Agradaría verlo como á otros muchos toreando en becerradas y aun con toros grandes como hacen Mazas, Barrionuevo y algunos otros; pero no gusta alternando con los novilleros, porque resulta su trabajo bastante deficiente. Tiene valentía para atreverse á estar delante de los toros, y nada más. De eso á ser buen torero y buen matador va mucha diferencia, y quisiera equivocarme al afirmar que no va á lograr por completo sus aspiraciones. Por ahora en las Plazas en que no se aquilata mucho le tocarán las palmas algunas veces por sus estocadas, que suelen matar pronto; pero acá vemos algo de esas cosas, y como no estén hechas á conciencia las censuramos sin piedad”.

Toreó en 1906 en plazas como la de San Sebastián y Valdepeñas. En Madrid volvió a torear en dos ocasiones en 1906: el 8 de julio “no pasó de estar valiente” y el 8 de septiembre “quedó regularmente no más” (Toros y Toreros, 1906). De esta última fecha, Don Silverio escribió al día siguiente para ABC:

“Ayer tarde se celebró en el circo taurino madrileño una corrida de novillos, que fue presenciada por los chicos de la música, los acomodadores y los revisteros taurinos; en total, poco más de 50 personas. Asiego (sic), Carbonero y Matapozuelo me parecieron tres engañados que quieren ser toreros, creyendo que para ello sólo hace falta dejarse la coleta. Mostrándose ignorantes en extremo, y en cuanto á valentía, no anduvieron muy sobrados”.

El 22 de julio toreó en la Plaza de Tetuán de Madrid. Además de unas lidias destacadas, se llevó un puntazo de asta en la cara (Correspondencia de Valencia, 23/07/1906).

En 1906, Félix Assiego formó parte de la historia de la pintura. El artista norteamericano Robert Henri, pintor destacado en el género Nuevo Realismo (Realismo Americano), realizó un retrato en óleo sobre lienzo de Assiego vestido de luces con capote de paseo. En la pintura consiguió captar la ansiedad que tienen los toreros antes de pisar el albero de los ruedos. Robert Henri dijo: “Antes de entrar en la lucha, todos ellos están muy serios y no se puede ver en sus caras que no superan la sensación de estar a punto de poner en riesgo su vida o de ser lesionados, lo que equivaldría lo mismo”. Una anécdota de la pintura es que ocultó la mano izquierda debido al vendaje que tenía por una herida producida en una corrida anterior. La obra pertenece a la americana LeClair Family Collection y suele formar parte de colecciones itinerantes por diversas galerías de Estados Unidos. (Más información en: Youtube: El Matador Félix Assiego: Spanish Sojourns: Robert Henri & The Spirit of Spain).

El anuario Toros y Toreros de 1907, de M. Serrano García Vao, Dulzuras, cifra entre ocho y diez corridas de Félix Assiego en ese año. La opinión no dista mucho a la de los años anteriores:

“Me parece que es demasiado fino é ilustrado para el oficio á que quiere dedicarse, y como además de todo, parece es modesto por demás, creo que esta condición le perjudica. La osadía ayuda mucho á colocarse á los que valen poco, y no poseyéndola, los que valen ven muy difícil su elevación. No quiere esto decir que Félix Assiego ha venido á descubrir nada en el toreo, no. Creo que este muchacho es valiente, nada más, pero sin que su valentía traspase ninguna clase de límites. Si fuera envidioso y travieso, habría llegado á más; pero al paso que va no subirá gran cosa y acabará por aburrirse. Vea si todavía en el foro puede hacer algo, pues no espero que como torero descubra nada, y es una verdadera lástima que un chico de sus condiciones ande rodando entre una gente que no es de su cuerda ni mucho menos, pues ha nacido para algo más que para pelear con novilleros malos”.

Lo que no aclara Dulzuras es si presenció en persona a alguna corrida, para ser ecuánime en sus valoraciones.

En 1907 llegó a torear en Madrid, Barcelona, Toledo, Almadén, etc. En la corrida en Madrid del 10 de noviembre, Don Silverio de ABC escribió al día siguiente que Assiego fue ovacionado en su primer toro y demostró “no ser lerdo en esto de torear”. Del segundo afirmó que “torea poco y bien, y cuando cuadra al toro, larga una estocada que mata rapidísimamente”. Diario de Alicante publicó que “quedó magistralmente, matando dos toros de dos soberbios volapiés”.

Dulzuras fue más “dulce” con Assiego en su anuario del año 1908, el último como profesional:

“Gran mérito tiene el dedicarse al toreo por capricho, y acercarse á los toros como cualquier infeliz mortal de esos á quienes obligan las necesidades á abrazar una profesión tan llena de peligros. Y si Assiego llegara, no se podría decir que no era por sus pasos contados, porque lo que lleva hecho de novillero es la lucha ruda del que no quiere aprovechar su relativamente desahogada posición para asaltar por sorpresa puestos, y ganar nombre que no le pertenezcan. Si vence, á él se lo deberá, y si fracasa, será después de esa lucha noble en la que los vencidos son tan dignos de respeto como los vencedores”.

Félix estuvo de sobresaliente en la Plaza de Toros de Madrid el 12 de abril, y el 28 de mayo toreó novillos de Pérez de la Concha en Alicante, alternando con Almanseño y Negrete:

“Por haber sido cogido Almanseño, tuvo que cargar con más tarea que la que le correspondía, y uno de los cornúpetos le dió una paliza en la que no le dejó sitio sin cardenal, pues le puso el cuerpo como balandrán de obispo”. (Toros y Toreros de 1908 de M. Serrano García Vao, Dulzuras).

Sin haberse recuperado, Assiego se arriesgó aceptando torear una novillada en Madrid el 31 de mayo. Este evento sustituyó a una corrida de toros; el motivo fue las condiciones inadecuadas por tamaño y peso del ganado que mandó el señor Nandín. El cartel lo completo Jáqueta y Recajo. El primer novillo de Gregorio Campos para Assiego fue descrito por Don Silverio de ABC como de grandes cualidades para una buena lidia; desafortunadamente, Félix no pudo aprovechar las inmejorables condiciones del cornúpeto:

“Si lo llega á coger un novillero que hubiera sabido torear, arma un escándalo con la faena de muleta. Asiego (sic) sufre dos achuchones por no saber torear, y termina su mala faena con una estocada caída y atravesada. Y el público da la bronca al Asiego (sic), que está como para torear en Tetuán. Al arrastrarse el toro el público aplaudió”.

En su segunda lidia el asunto fue peor. Al igual que empezó a caer agua del cielo, también llovió broncas desde los tendidos. Sin duda, fue de las peores tardes de Félix Assiego en su trayectoria profesional de novillero.

La corrida de Madrid le dejó mella y anunció su retirada al ambiente taurino. De esta manera lo publicó el rotativo La Publicidad el 3 de junio de 1908:

“El novillero Félix Assiego ha hecho público en el Café Inglés, de Madrid, y ante buen número de toreros, su propósito decidido y firme de abandonar las lides taurinas. Aparte de otras razones, alegó el mal resultado de la novillada en que toreó el domingo último en la Corte”.

Cumplió su propósito después de figurar como sobresaliente en dos corridas y una novillada más en Burgo de Osma.

Al año siguiente, en la que no se ha encontrado constancia que toreara como profesional, se casó el 24 de abril en la localidad jienense de Martos con Concepción Codes Masoliver. Muy posiblemente, fue el momento en el que definitivamente decidiera dejar los trastos. Dos años después empezó la trayectoria profesional de su amigo Rafael Gómez Brayley.

Aun retirado, Assiego no se desentendió del ambiente taurino. Se relacionó y se involucró con matadores malagueños. Un buen ejemplo lo tenemos el 17 de octubre de 1920, fecha en la que Joseíto de Málaga tomó la alternativa en La Malagueta de manos de Sánchez Mejías. Su primer toro, el de su doctorado, lo brindó a Félix debido a la gran amistad que tenía con él.

El Ruedo, 14/03/1956.

En la entrevista anteriormente citada que le hizo Juan de Málaga para el número del 14 de marzo de 1957 de la revista El Ruedo, Assiego contó varias anécdotas referentes a ciertos problemas que tenía para cobrar, sobre todo por su cómoda condición social. Se transcribe porque no tienen desperdicio:

—Poco dinero, sí, pero, por lo menos me lo pagaban. Lo peor era cuando, después de torear, desaparecía el empresario o nos decía que no había ni un real.

—¿Es posible?

—Y tanto. Mire usted: una de las últimas corridas que yo toreé fue en Valdepeñas, con Manolete, padre, y toros de Celso Pellón. Como yo estaba ya harto de torear y no cobrar, o cobrar poco, me puse de acuerdo con Manolo para mandar a por el dinero antes de la corrida. Y efectivamente, el empresario, al que le llamaban el “tío Colín”, había desaparecido.

—No torearían ustedes.

—El gobernador nos obligó, amenazándonos con la cárcel.

—Bueno, esas cosas ocurrirían sólo en los pueblos.

—¿En los pueblos? En Barcelona debuté con ocho toros de Otaolaurruchi, y de compañeros, Manolete, Curro Vázquez y Manolo Bomba. Tuve un éxito y me dieron para mí y para la cuadrilla setenta duros. Con un contrato por siete corridas más, eso sí, pero el dinero en blanco. Toreé la segunda, un corridón de don Pedro Gómez, con Almanseño y Negrete. Un gran amigo y admirador, don Luis Ardura, que era millonario y tenía fama de forzudo y violento, enterado de lo de los setenta duros, me dijo: “Esta noche vas a ir tú a cobrar, y yo contigo, y te van a tener que dar 800 pesetas”.

—¿Y se las dieron?

—Antes tuvo Ardura que darle un puñetazo en la nariz a un individuo que estaba con don Mariano Almengol, el empresario, que empezó a lanzar bravatas. Pero cuando me entregaba el dinero, dijo Almengol: “Despídase de torear en Barcelona”. “Podía hacerlo —le conteste—. Porque aquí tengo el contrato; pero mire usted lo que hago yo con él”. Y lo hice pedazos.

—Toreó usted en Madrid, ¿verdad?

—Nueve novilladas. Y debuté, cobrando 300 pesetas, cuando sólo llevaba toreadas cinco con caballos, el 6 de agosto de 1905, con toros de Pérez de la Concha, alternando con Regaterín y Platerito. Por cierto que don Pedro Miembro no me quería poner, y como poco después Gaona, tuve que “tragar el paquete” de salir en Carabanchel con dos toracos bueyancones, a uno de los cuales le puse un monumental par al cambio. Esto me abrió las puertas de Madrid, donde el año siguiente me llevó don Indalecio Mosquera, que es el empresario más caballero que yo conocí.

—Algunos más habría.

—Pocos… Mire usted, en San Sebastián debuté el Domingo de Resurrección, con Fernando el Galloy una corrida de don Pedro Torres, de Colmenar Viejo, que en los carteles los anunciaban “limpios y con cinco años de edad”. Tenían, lo menos, siete. Bueno; pues la noche anterior, cuando me limpiaban los zapatos en un café, oí comentar la corrida, y a un aficionado que decía que los toreros no cobraban porque uno era un señorito millonario, y el otro, hermano de Rafael, que ganaba muchos duros. Le conté lo ocurrido a Fernando, y decidimos mandar a cobrar por la mañana. Él envió al Niño de la Audiencia y yo a un picador, El Pagan, que tenía fama de haber hecho tres muertes.

—¿Y cobraron?

—Claro que sí, pero haciéndoles saber que no volveríamos a torear en San Sebastián. Y acabé aburriéndome. A lo que, además, contribuyeron también los apoderados, que eran, poco más o menos, como los empresarios. Yo llegué a tener catorce. Y pensé: “Toreando, gano para comer en verano y pasar hambre en invierno; y sin torear tengo asegurada la comida todo el año en mi casa”.

—La elección no era dudosa.

—Y me fui, después de haber toreado unas cien corridas y con la suerte de que no me calaran fuerte los toros, pues sólo tuve cinco o seis cogidas sin importancia.

—Y del toreo moderno, ¿qué me dice usted?

—Me gustan extraordinariamente Antonio Ordóñez y Litri, y matando, Rafael Ortega.

El Ruedo, 14/03/1956.

A Félix Assiego le apodaron El torero señorito en el ambiente taurino debido a su holgada situación económica. En Málaga hubo algunos más dentro del mismo círculo de amistad. Estos iniciaron las asociaciones de aficionados prácticos, pues toreaban por pura pasión y divertimento. De ellos es meritorio nombrar al ya referido Rafael Gómez Brayley, Juan Campuzano Sánchez Lafuente y, sobre todo, a Francisco Barrionuevo.